Concluí mi trabajo en un pueblito lejano y era hora de retornar a la ciudad. Un camión de sal me recogió después de esperar impaciente unas horas. La cabina ya estaba copada por lo que tuve que viajar en la carrocería sentándome sobre los adobes de sal. Puedo asegurar que fue el peor viaje de mi vida; no por la incomodidad, ni el viento, ni por el ardiente sol altiplánico, sino por la sal que desprendía la carga. Sentía con mucho dolor cómo la piel se me agrietaba y pesaba que en cualquier momento mis pulmones empezarían a sangrar. Cuando divisé de lejos la ciudad hice que el camión se detuviera. El chofer pensó que quería ir al baño y me dijo que me esperaría, le rogué que partiera sin mí, que estaba muy interesado en sacar fotografías al paisaje. Cuando el camión se fue, sacudí al viento toda mi ropa mientras calculaba las horas que aún me faltaban por caminar.
jueves, 14 de octubre de 2021
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
PLAÑIDERAS
El abogado daba lectura al testamento, lo hacía de forma sentenciante y hasta agresiva para que los descendientes cumplieran el último deseo...
-
Bajó del camión y cargó en su espalda el saquillo donde llevaba sus alimentos para todo un mes. Le acompañaba su joven esposa, que amamantab...
-
Llegó el día de la defensa de tesis. La muchacha afligida caminaba de un lado a otro por los pasillos de la universidad, trataba de memoriza...
-
Mujer sencilla, luchando a escondidas, sonriendo ante las adversidades. Algún momento te echaste el mundo a la espalda, pero aun así sigues ...