Sus
pensamientos eran como las flores de un mantel. Hasta que llegó el invierno de
la invención. La aguja no volvió a bordar el norte. Transcurrieron los años y
sus escritos fueron amarilleando como hojas otoñales. Se dio cuenta que jamás
volvería a crear nada más, por lo que decidió dejar éste mundo. Mientras
saltaba al abismo pensó que nadie lo recordaría. Pero se equivocó, ahora todos
rememoran al escritor suicida, que se
desvaneció una tarde de primavera.
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