Los jóvenes salieron de la cafetería tarde en la noche jugando y riendo. Caminaban por su ruta acostumbrada y se les acercó un delincuente blandiendo un puñal. Entregaron las billeteras y los celulares mientras temblaban de miedo, uno de ellos le suplicó que les dejara sus documentos, pero zigzagueó en el aire la filosa arma y se quedaron callados. Cuando el malhechor empezó a caminar para la huida, uno de los jóvenes le dijo sonriente: “Hasta luego, que le vaya bonito”. El ladrón pensó que se burlaban de él, retornó en sus pasos para golpear al muchachito que había hablado, pero los otros le suplicaron que no lo hiciera, que no podía evitarlo porque tenía síndrome de Down. El hombre observó con extrañeza la sonrisa afable y se alejó corriendo. Después de reponerse del susto comenzaron a caminar por su ruta, grande fue la sorpresa al encontrar sus documentos personales tirados en la calle a una cuadra de ellos.
sábado, 30 de enero de 2021
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