Me dijo que ella se sentía como un brócoli, le pregunté por aquella extraña comparación vegetal, se detuvo y me miró a los ojos, asqueó una mueca afirmando que a nadie le gustaba. Aprovechando la oportunidad le dije convencido que a mí me encantaba el brócoli, me analizó de pies a cabeza y continuó caminando mientras murmuraba; “qué raro que eres”.
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