El barro puro que abraza nuestra historia,
es el custodio de la evolución
humana.
Fueron el fuego ardiente y
témpanos glaciales
junto a las cenizas, que dieron
origen a la tierra madre.
El día que nuestro mundo quiso
hablar,
lo hizo a través del légamo rojizo.
Uniendo su extensa sabiduría con
el hombre,
para moldearse junto a su
cotidiano vivir.
Aquel arte revive en las
tradiciones
que dejan las huellas el noble
alfarero.
En cada pieza forjada de latente
esfuerzo
y sus formas que danzan con cantos
eternos.
Colores y texturas son el
constante encanto
moldeados con anhelo a quimeras
hermosuras,
creados en un ritmo constante en
pulsos del alma,
dando forma el ceramista la
ilusión del destino.
Reyes y plebeyos bebieron de las
manos
del hábil artesano que moldeó la
arcilla.
Incluso los mismos dioses con
voluntad divina
fueron alimentados en cuencos de
barro.
Hoy busca dejar huellas como el
ceño eterno.
Una historia que en sus manos ha
de brillar
y como un pequeño legado al
destino
el alfarero del destino su marca
dejará.
Muy bonito...un pequeño legado al destino
ResponderEliminarfelicidades primo de mi corazón ❤️❤️❤️