Llegó el día de la defensa de tesis. La muchacha afligida
caminaba de un lado a otro por los pasillos de la universidad, trataba de
memorizar algunos datos transcritos en unos papelitos dobleteados por el
nerviosismo. En
unos minutos debía empezar con su defensa.
La muchacha era la mejor alumna de su generación. Realizó un
excelente trabajo de investigación en la comunidad de su origen parental, un
bastión del antiguo señorío aimara rico en tradiciones y costumbres. Los
tribunales conocían a detalle el arduo trabajo y empeño que la tesista ocupó
por más de un año en su investigación, por lo que la defensa era una formalidad
académica, ella ya estaba aprobada, aunque no lo sabía.
Se invitó a las personas guardar silencio en el auditorio
para dar inicio a la defensa. Se hizo las presentaciones formales, se leyó el
acta de apertura y antes de que empezara a exponer el tema, interrumpieron en
la sala dos señoras de muy avanzada edad, ambas de polleras relucientes, mantillas de vicuña y joyería de calidad, estaban ataviadas como en un día de fiesta patronal. Llevaban en manos exquisitos
platos de comida bien servidos con humeantes trozos de cordero al horno, papas, ocas, camotes y una
bienoliente ensalada de lechugas con cebollas y tomates. Se acercaron a la mesa de los tribunales sin
hacer caso de las negativas de la tesista, ni de los concurrentes. Invitaron a los
tres tribunales un plato de comida como se hace a las autoridades que visitan
su pueblo. Los tribunales impresionados
por el desenvolvimiento de las ancianitas, retiraron automáticamente de la mesa
los folios y los empastados, dando lugar al suculento manjar que ya había
impregnado con su aroma el salón. Agradecieron incrédulos a las diminutas ancianas
y de tanto en tanto observaban con ojos confusos a la tesista que se cubría el rostro
colorado de vergüenza.
Salieron del salón las ancianas, altivas y orgullosas de
apoyar a su nieta, y con una sonrisa en la cara le hicieron una venia
augurando parabienes, mientras ella inmóvil acongojada rayaba en el llanto y
la frustración. Uno de los tribunales, callando el cuchicheo de los espectadores que
concurrían al salón de la universidad, pidió a la muchacha que diera
inicio con su exposición mientras llevaba a su boca un trozo de carne.
Excelente!!!
ResponderEliminarInteresante y anécdotico 😃
ResponderEliminarTraducciones que no podemos dejar de LADO.. éxitos primo de mi corazón ❤️❤️❤️
ResponderEliminarUna realidad que pasa, el amor y la tradicion que sobrepasa las formalidades. Me encantó
ResponderEliminardebería dar gracias de que su familia (abuelitas) la apoyan
ResponderEliminarEl amor de nuestras abuelas es inalcanzable. La ternura con la que nos miran es la misma que lo hacían con nuestros padres. ¡Grande genio!. Abrazo.
ResponderEliminarInocentes las abuelitas, todo en apoyo de su nietita 🤗
ResponderEliminarHermosa historia, me recuerda a los ancestros de mi familia
ResponderEliminarBella redacción, nos permite e poder sentir y vivir la anécdota transportándonos a nuestras raíces.
ResponderEliminarBella anécdota que resalta el amor de nuestros abuelitos y abuelitas...
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