El abogado daba lectura al testamento, lo hacía de forma sentenciante y hasta agresiva para que los descendientes cumplieran el último deseo de su moribundo padre. El documento redactaba que las casas, lotes, camiones y otros bienes serían donados, de forma inmediata e irrevocable, a cualquier pariente que realice un funeral memorable al deceso del patriarca.
Pasaron unos días y llegó la hora inevitable. El anciano fue visitado por la parca. Los hijos hicieron los rituales que competen a un duelo digno de dicho personaje. Pero quien se llevó toda la herencia fue un sobrino de quien poco se conocía. Este había contratado a doscientas plañideras que derramaron todas sus lágrimas por el difunto durante nueve días.
Leer es maravilloso y despierta nuestra imaginación sin limite
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